Máscaras sociales

12.07.2020

Desde que nacemos y hasta la pre- adolescencia somos libres, en el sentido de que expresamos lo que pensamos, no hay filtro, somos lo que reflejamos y por ende somos felices y verdaderos con nosotros mismo y con los demás.

Somos sanos de mente, de cuerpo y espíritu y estos están unidos, no diferenciados. Somos cuerpo, somos mente y somos espíritu.

Sentimos al mundo nuestro, somos este mundo. Somos salud, somos fuertes, somos 100% energía. Vamos, venimos, corremos, no paramos, hacemos lo que queremos, jugamos todo el tiempo y nos maravillamos o sorprendemos. Nuestra atención está puesta en lo que está pasando Si nos enojamos expresamos ese enojo sin filtros, si estamos contentos lo expresamos saltando de alegría.

Llegada la hora del descanso, lo hacemos de manera profunda, el sueño es relajante y reparador. No recordamos lo que soñamos, pero no significa que no lo hayamos hecho, este no nos atormenta, no es pesado sino un sueño liviano. Lo que nos permite relajar los músculos y realizar una respiración más profunda. Al día siguiente nos levantamos de buen ánimo porque hemos descansado, con energía renovada y fresca para iniciar el día.

De adolescentes cambiamos, empezamos a fijarnos en el otro y sobre todo en el grupo. Lo observamos atentamente: como están vestidos, la forma de hablar, los modismos, la forma de moverse y comportarse. Me doy cuenta que sí quiero formar parte debo adaptarme y debo hablar de cierta forma, de ciertas cosas, abstenerme de hablar de lo que me gusta, si esto no forma parte de los gustos del grupo, debo comprarme y usar cierta ropa, debo comportarme de una manera distinta a la mía y muchas veces hacer cosas que no me gustan obligado. A partir de aquí se forma la primera máscara social, "el primer sufrimiento".

Con el tiempo y con la llegada de otros grupos, ya sea la facultad, el trabajo, más la familia, etc. empiezan a venir otras mascaras que se van interponiendo unas a otras, dejando muy atrás lo que soy yo en verdad para evitar que me echen, para no molestar al grupo, para poder tener amigos, para que me tengan en cuenta, para que se fijen en mí, para no sufrir en el trabajo y aguantar al jefe, etc.

Luego llega el matrimonio y la familia y debo de comportarme de otra forma que se adapte más a la idea de ser padres, nuevamente según lo que dice la sociedad.

Llegados a este punto cualquier persona colapsa, no sabe para dónde ir, no sabe qué hacer, tira manotazo de ahogado, no encuentra respuestas ni dentro de sí mismo, porque está perdido, ni dentro del grupo porque lo que siente no está bien y la idea es que todos estamos mal pero no hace falta que se hable de eso, asique hacemos silencio, no se habla, no se molesta, no se piensa sobre eso.

El cuerpo deja de funcionar como debería, la persona se encuentra desganada, carece de energía, no llega a la noche, esta sobrepasada, estresada, no logra dormir, no logra descansar, se levanta pesada, como si no hubiese podido dormir bien.

La energía no se renueva por lo tanto se agota enseguida. A nivel físico el cuerpo envejece más rápido, las preocupaciones saturan, el pasado y futuro ahogan, entonces empezamos a enfermar, los músculos están tensionados y la sanación es lenta.

A nivel espiritual, la persona no encuentra un rumbo, un objetivo, se ha desviado de su camino y no sabe para dónde ir.

"La esencia es aquello invariable y permanente que constituye la naturaleza de las personas, es lo más característico y más importante."

Dejamos atrás nuestra naturaleza, quienes somos en realidad nosotros en pos de los otros, quienes también lo hicieron en su momento. Tenemos la firme idea de que ese es el camino: si querés encajar debes olvidarte de vos y creemos que es lo mejor, para darnos cuenta luego, en lo mejor de los casos, que ni valía la pena hacerlo, que todo era más sencillo de lo que parecía. Pero lo hicimos porque en ese momento era lo más importante para nosotros.

Ahora que me di cuenta lo cambio y soy yo nuevamente, soy feliz, suelto todo, suelto ideas y cargas acumuladas y me encuentro verdaderamente con quien soy. Vuelvo a reír, me doy cuenta lo sencillo que es la vida, estoy relajada, lo que antes me agobiaba, todas las preocupaciones desaparecen, los problemas se reducen a la mitad ya que la mayoría eran invenciones de mi mente, los problemas están, pero no lo esquivo, los enfrento y los resuelvo, y lo hago de forma ordenada y organizada.

La energía vuelve a mí, pero no es una energía densa, una energía que me pone de mal humor o nerviosa, es una energía clara como el agua, fluye y vibra a una determinada frecuencia que me hace sentir feliz y en paz y a gusto, me hace sentir amor y me recuerda que esa soy yo. Encontré mi energía, mi naturaleza.

El cuerpo se relaja, la mente se tranquiliza y actúa a mi favor. Me siento en casa, a gusto, esta soy yo. Estoy equilibrada, tengo anergia de sobra y a la noche logro desenchufar y relajarme, descansar y disfrutar. El sueño es tranquilo y reparador. Al día siguiente, me levanto fresca, con ganas, sin miedo.

Retomo las actividades que deje en su momento de lado y todo lo que me hace feliz, vuelvo a ser quien soy, estoy de vuelta en mi camino.